Archivos para Febrero, 2006

Munich

El sábado 18 me desperté cerca de las 11:00 de la mañana. Llamé por teléfono a una de mis primas en Mérida para invitarla a ella y a su hermano pero ella andaba con el novio haciendo unas compras para un campamento que está organizando y mi primo andaba en la iglesia haciendo no_sé_qué…

Ni modo, como este había sido en sí el motivo del viaje, pues no me quedó de otra que ir solo al cine. Había el tiempo exacto para la primera función, así que tomé un autobús, llegué compré mi boleto, unas palomitas con caramelo de desayuno y una botellita de agua para el empalagamiento.

Disfruté muchísimo la película por varias razónes. La primera, creo que fue lo único que realmente valía la pena en esa semana en las carteleras. Segundo, pues está dirigida por Steven Spielberg quien es uno de mis directores favoritos.

Fiel a mi manía por el comportamiento humano sabía que iba a encontrar mucho material en ella y Spielberg no me defraudó. Sobre todo porque es en las situaciones adversas en donde todos dejamos mostrar el cobre, como se dice comúnmente.

A mi parecer, la película es imparcial y va mucho más allá de contar la historia del atentado en los juegos olímpicos de Munich. La idea de que es parte de la campaña antiterrorista a como la entienden los EUA es algo que no comparto, aunque sí creo que es antiterrorista en el sentido de que la violencia siempre engendrará violencia y finalmente no resuelve nada.

Y es que, al final de cuentas, todos somos terroristas, ¿no? Digo, partiendo de la definición de que el terrorismo consiste en obtener lo que queremos sembrando miedo, somos terroristas desde que le decimos a un niño “duérmete o viene el coco”. (“Ahí viene el tlacuache”, recuerdo que le decíamos a Misael). Claro, nuestro concepto actual de terrorismo es el que involucra la pérdida de vidas humanas, de civiles, y en eso es que se enfoca la película.

En lo personal, conocía sólo vagamente de ese atentado en unos juegos olímpicos y, por supuesto, no sabía yo de las represalias tomadas por Israel. El marco, nada más y nada menos que los juegos olímpicos, el principal símbolo de la hermandad entre las naciones desde la época antigua ya que incluso se decretaba una tregua divina para su celebración.

Recuerdo que pensé al principio de la película, justo en las escenas del atentado, “¡Chin! Tan de luego en Alemania.”, y me dió gusto después confirmar mi apreciación en la escena en la que Golda Meir dice: “Siguen muriendo judíos en Alemania“. Me puse a pensar rápidamente en ese sentido de culpabilidad alemana con respecto al genocidio de la Segunda Guerra Mundial y mucho me temo que eso fue lo que les llevó a echar todo a perder en el rescate. ¡Tómala! Llovido sobre mojado…

Me habían comentado anteriormente que la película trataba “del atentado en los juegos olímpicos y que luego Israel contrataba unos matones para ir matando uno por uno a los que hicieron el atentado”… Y no sé si se equivocaron o yo entendí mal, pero me llevé una sorpresa al ver que no era a los que realizaron el atentado los que iban cazando sino, en todo caso, a los organizadores; factor que me pareció muy importante en la trama.

Así las cosas la película nos ofrece una ensala de emociones, reacciones y comportamientos muy disfrutable. Decía yo hace unos momentos, por ejemplo, de lo que habría llevado a los alemanes a actuar tan apresurada y torpemente. Luego, la reacción de la Primer Ministro y cómo toma la decisión.

Pero lo realmente bueno está en el grupo encabezado por Avner (Eric Bana). Tenemos a Steve quien disfruta realmente de estar desapareciendo enemigos y por el otro lado a Robert quien no deja de pensar en el cumplimiento de las mitsvot. En medio de ellos, el líder con sus propios conflictos internos y familiares y su propio bagaje psicológico (cuidado, educado y crecido prácticamente por el Estado y su formación militar).

A la mitad de las ejecuciones que tenían qué hacer, el cazador pasa a ser la presa y entonces comienza para él el verdadero conflicto que se recrudece en paranoia y el miedo, el terror, de saber su vida en peligro, y la de su esposa, y la de su nena.

La actuación del que la hizo del Marqués de Sade (no me viene el nombre ahora), me pareció buena también, representando a los judíos que quieren el Estado de Israel pero no precisamente asociado a lo tradicional, a lo que, a fin de cuentas, no permitió a lo largo de tantos siglos, la asimilación de este pueblo entre las naciones en las que se hayaba disperso.

Como nota al margen, disfruté mucho también identificando cosas asociadas a la cultura judía; cosas que me ayudaron a poder ver mejor el panorama completo.

Altamente recomendada, no se la pierdan. De mi parte, si alguien me invita a ir a verla de nuevo, con mucho gusto y seguro va a la colección de DVDs.

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Viaje relámpago a Mérida…

O “Ni luces de Jaime”

Hace exactamente una semana, al ver que con el cambio de cartelera no llegó Munich a mi ciudad, tomé la decisión de hacer un viajecillo a Mérida para verla. Le envié un mensaje a Jaime anunciándole mis intenciones y para saber si tenía tiempo para poder vernos. Compre un boleto en la terminal de autobuses escasa hora y media antes de la salida y finalmente hice el viaje a las 6:30 de la tarde.

Llegué a la Ciudad Blanca aproximadamente a las 9:00 de la noche. Intenté localizar a Jaime por teléfono pero la llamada jamás pudo entrar. Hasta la fecha no sé si estaba fuera de la ciudad o si tenía apagado el celular…

Así las cosas, después de hospedarme en un hotel del centro, pasé a un ciber para checar si todavía había chance de ir al cine. Resultó que no, que ya no iba a poder ir hasta el día siguiente, así que me pasé un rato más en la computadora pues en todo el día no había podido hacerlo.

Después de estar un rato ahí regresé al hotel para tomar un baño y cambiarme de ropa y fui a un antro, solo.

Pasa algo raro conmigo. No me gusta ir solo al cine, por ejemplo, pero me afecta nada ir solo a un antro. (Creo que ya se habrán dado cuenta desde las entradas de mis andanzas en la Ciudad de México.)

Me la pasé de lo más tranquilo, riéndome bastante con un show que había y tomando unas cuantas cervezas. Ya cerca de las 4:00 de la mañana me fui a dormir. Tenía una cita con la pantalla grande al medio día.

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14 de febrero

Como he dicho anteriormente, soy respetuoso de los ciclos y milestones a lo largo de la vida. Sin embargo, no estoy muy de acuerdo con la desbandada que se da hacia el consumismo especialmente en esas fechas. Y no, mis razones no son las típicas de que “todos los días deberían ser día de la madre” o “eres mi amigo todo el año” porque a mi parecer no son más que excusas. Si no, pregúntese quien así piensa cómo es que a los cumpleaños y aniversarios no le ponen peros, ya sea el de familiares, amigos o el de uno mismo.

No, mis razones son (para no variar) objetivas, económicas.

Esas fechas ocasionan inflación, gasto supérfluo y, en general, una demanda por productos y servicios tal que lleva a los oferentes a disminuir la calidad con el fin de darse abasto. (O para captar más de esa demanda, cómo se le quiera ver). Así las cosas, desde hace varios años atrás evito celebraciones fuera de casa en fechas como esta que le da título a esta entrega, 10 de mayo, día del padre, etc.; e incluso he llevado esa aversión a salir los días de quincena.

Les cuento que en la pasada celebración rompí la regla… que sólo sirvió para recordarme el por qué no salgo en esos días.

Desayuné con la que en muchos aspectos es mi novia. Escogió el restaurante en el que nos reuniremos próximamente los usuarios de PDAs porque la verdad tiene una vista muy bonita a un patio interior. A los ojos de cualquiera el restaurante no estaba lleno, lo que se dice lleno, porque habían 2 o 3 mesas desocupadas. Sin embargo, lo normal en este restaurante es que sólo 2 o 3 mesas están ocupadas y todo lo demás vacío.

De la comida no hablaré pues ésta es muy rica pero el servicio… ¡Hasta desconocí el lugar! De repente ya no sabía yo si estaba en ese restaurante o no. ¡Una lentitud! Bueno, de eso se quejó ella. No sé bien si era por la presión de regresar al trabajo o por el hambre. Yo no, pues mi tiempo libre es realmente tiempo libre. :-) O sea, en sí no tenía ningún otro compromiso para después.

Pero cuando trajeron mi plato, el cual pedí con un par de huevos estrellados con la yema bien cocida y vi que éstas estaban suaves, y cuando se acercó el capitán a preguntar si todo estaba bien, no evité clavarle el cuchillo en posición vertical a cada una, al tiempo que le contestaba con otra pregunta: “¿esto es bien cocido?” y una mirada que hasta a ella asustó.

“No, señor”, contestó, pero como se quedó inmóvil un segundo, en seguida alce las cejas y acentué la mirada al estilo “¿y qué esperas?”. Ahora sí entendió y rápidamente retiró el plato para ir a arreglarlo.

Algunas horas después, ya de camino a casa, me crucé con mi tía y mi prima que iban a comer. Me hicieron la seña de que las acompañara… y ahí me fui, al Vips. :-/ ¡Ay, D–s! Yo las alcancé poco después. Cuando llegué ellas ya habían pedido su sopa. Me comentaron que no tenía rato que la habían pedido porque estuvieron sentadas un rato sin que las atendieran. Por “suerte” pasó una mesera y le pedí también una sopa y un refresco.

A los quince minutos regresó trayendo la sopa de mi tía y el refresco de mi prima. De la sopa de mi prima, de la mía y de mi refresco ya no supimos. Pasaron 20 minutos más, mi tía había terminado su sopa… se comenzó a molestar. Cuando el tiempo rayaba en la media hora se levantó a quejar con uno de los supervisores de los meseros.

Para no hacer el cuento más largo y no recordar lo desagradable del momento: Trajeron la sopa de mi prima, la mía, mi refresco (que por cierto no era lo que pedí). Mi tía pidió ya nada más un postre para acompañarnos. Nadie pidió ya nada de comer y no nos cobraron.

Por la noche, OBVIAMENTE, no me hicieron salir por nada.

En fin, dejo esto como recordatorio escrito para mí mismo de por qué no salgo en esos días. Evítenme la pena de negarme.

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Detective por error

El domingo 12 por la noche, de nuevo al cine; esta vez con Azziel. Primero: Nótese que no hay nada que hacer en mi pueblo. Segundo: La película la escogió Azziel, no yo.

Detective por error es en si una película cómica a la quisieron dar una manito de acción. El tema ya bastante utilizado: un individuo X a quien por una razón tonta (que digo tonta, estúpida, pues se resume a un periódico), tiene que dar apoyo a un detective de no muy agradable reputación como persona. El caso detectivesco gira en torno al robo de armas y el lado amable es la “humanización” del detective por parte del vendedor de artículos dentales.

Actúa mi tocayo L. Jackson como el agente federal de pocas pulgas que no confía en nadie y Eugene Levy como el vendedor de artículos dentales y ejemplar padre de familia.

Es buena para reírse un rato, pero nada más.

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Dentista

La nota incómoda de las dos semanas anteriores fueron las visitas a la dentista. Y es que desde mi período de trabajo pasado de repente sentí un pequeño espacio en el lado izquierdo del maxilar superior; así que apenas estuve en casa programé cita con la dentista, bueno, cirujana maxilofacial. Sí, la misma que me extrajo las muelas del juicio hace un tiempo y cuyo consultorio queda en frente de casa de Fernando. (Ese fue el motivo, en parte, del re-encuentro y que estuviéramos en contacto de nuevo desde entonces.)

Pues bien, sí tenía una caries en el segundo molar, por debajo de un tratamiento que me habían hecho anteriormente en esa misma pieza. Así que ni manera a aguantar el barreno y demás molestias.

Me explicó Gladys que cierta parte estaba muy cerca de la región pulpar que rodea al nervio así que había (o hay) riesgo de una endodoncia. Por eso me puso un empaste suave y tuve que ir a tomarme una placa en donde ya no se nota mayor problema. (Dice ella, yo no entiendo las radiografías).

En fin, que sigo a prueba. Antes de venirme para acá me puso otro empaste más duro a ver si en estos días no siento alguna molestia. Si la llega a haber, llegando tendré que ir al endodoncista; si no, pues ya me pondrá algo más duradero.

Hasta el momento, cero molestias. Espero que no pase a mayores.

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Aeon Flux

Hace dos sábados salí con Mario y Fernando. Curiosamente, ninguno de los tres teníamos planes y me puse de acuerdo con ambos en el MSN Messenger. Decidimos ir al cine a la función que se pudiera, entre otras razones porque la cartelera estaba realmente mal esa semana y, la verdad, ninguna película llamaba nuestra atención. Ya en el cine nos inclinamos por Aeon Flux cuyos carteles vi por todos lados en la Ciudad de México.

La pelicula es futurista, asi que el guión tiene mucho margen de acción. Digo, cada quien puede imaginar el futuro como mejor le parezca, ¿no? Pero bueno, este guionista no se lo imaginó muy prometedor: Una extraña enfermedad dejó estéril a todo el género humano y despues de 4 siglos seguimos existiendo gracias a la clonación.

No es la clonacion, sin embargo, la que está en el centro de la polémica sino, una vez más, la libertad y la tolerancia. El líder de los sobrevivientes busca una cura para la enfermedad y asi devolver a la humanidad el don de la reproduccion. Su hermano, por el contrario, prefiere la “vida eterna” de clonaciones sucesivas.

Muy aparte del desarrollo de la pelicula, de la cual no cuento mas por si desean ir a verla, me pongo a pensar si no era factible simplemente que convivieran ambas posturas. La sobrepoblación ya no era un problema, así que qué más daba que los que quisieran reciclarse lo hicieran y que los que quisieran engendrar, también. O mejor aún: Vivir n numero de vidas recicladas y ya que uno se fastidiara de vivir (suele suceder), entonces engendrar y morir.

Pero no. Los partidarios de los nuevos nacimientos buscaban destruir el sistema de clonaciones y los otros, destruir la investigacion de la cura de la enfermedad. Después de 400 años seguimos siendo tan intolerantes como ahora.


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Primera reunion de usuarios de PDAs

El viernes de la semana pasada, fue la primera reunión del grupo de usuarios de PDAs de aquí, de mi ciudad. Este es un proyecto iniciado hace varios años en Mérida, Yucatán, ciudad vecina, por Ricardo Hernández y que hoy ya tiene alcance nacional y dos reuniones de igual alcance.

Yo me acerqué a ellos desde que era usuario de Palm para poder sacarle más jugo al cachivache y así había yo podido conocer a Ricardo en una de mis visitas a Mérida.

Sin embargo, el grupo de Campeche nunca ha sido muy numeroso que digamos. Había yo tenido la oportunidad de entrevistarme alguna vez con otro usuario pero luego perdimos comunicación. Sin embargo, recientemente otro campechano había estado participando frecuentemente en el grupo y otro más recién apareció pidiendo ayuda para un problemita que tenía con su Palm.

Sumado a esto, se dió que por fin teníamos un lugar público aquí con conexión inalámbrica a Internet. Así que cuando di el aviso en el grupo, Ricardo muy amablemente se ofreció a acompañarnos desde Mérida para una primera reunión “oficial”. La convocatoria ya estaba hecha casi desde un mes atrás, así que cuando salí del encierro, por ser el que tiene “tiempo libre” pasé al restaurante a revisar de nuevo que hubiera WiFi y hacer la reservación correspondiente.

El día de la cita, cancelé la consulta con mi dentista, llené la mochila tecnológica y me lanzé al restaurante del Hotel Plaza Campeche a donde llegué rayando las 6:00 de la tarde. A los pocos minutos, me envió un mensaje Alfonso quien ya estaba afuera, sentado en una banca del parque. Entró, nos presentamos y rápidamente se dió una buena química en torno a nuestros juguetitos.

El es el feliz poseedor de un Treo 650, por el que por cierto tuvo casi que pelear para entrar a una promoción que hubo hace unos meses. En ese entonces quería yo también uno, hice mi solicitud pero anduve sobre el asunto como lo tuvo que estar él, y así es como ahora soy mucho más feliz con un PocketPC que con la Palm.

Al poco tiempo llegó la delegación de Mérida, encabezada por Ricardo y acompañado de Maggy, Beto y Alejandro. A esta Maggy le tengo un cariño y agradecimiento especial porque fue la primera que me echó la manó cuando comencé a hacer preguntas en el foro respecto a la Palm.

Depués llegó Oscar, otro campechano, el más nuevo y rápidamente se adaptó igual al grupo.

Estas reuniones son completamente de esquema informal. Se platica de todo, del trabajo, de cocina, de los hobbies, de viajes, de la familia y de vez en vez alguien comparte sobre la forma en que usa su PDA, que cómo va el mercado, el futuro de la industria, los programitas que tenemos, cómo hacemos esto o aquello, etc. Nos prestamos también unos a otros nuestras maquinitas, dejamos que quien quiera probarlo lo haga y de igual modo uno puede probar otros modelos.

Algunos veían bastante rara la mesa en cuestión, toda llena de aparatitos, celulares y laptops… y como los meseros también ya nos veían con cierto recelo, pues pasamos a pedir para comer. Todos quedamos igual muy satisfechos con los alimentos, a excepción de Ricardo que pareció no gustarle el pollo a la cordon blue… Yo me comí un espagueti, pero ya tengo en mente probar ese plato para tener mi propia opinión al respecto.

El primero en retirarse fue Alfonso, pues tenía un compromiso familiar y los demás nos quedamos hasta poco después de las 10:00 de la noche que era la hora en la que los amigos de Mérida tenían que retirarse. (Sí, hicieron el viaje nada más para acompañarnos, ¡qué padre, no?)

Me dejó Ricardo de regalo para el grupo de Campeche, 5 fundas para PDA que tenemos que ir viendo cómo las obsequiamos en las siguientes reuniones y viendo que más gente se nos una. Precisamente anoche me encontré a Alfonso en línea y ya programamos la próxima reunión para el viernes 10 de marzo, a las 7:00 de la noche, en el restaurante del Hotel Puerta Campeche (en frente de la Puerta de Tierra). Ahi nos vemos.



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El paquete misterioso

Pues bien, aquí ando de nuevo y tengo ya varias cosas que contar. Me pasa lo de siempre, que cuando se me van acumulando las cosas me va dando más y más flojera hasta que me decido y me pongo a hacerlas todas de un jalón. Así que prepárense para leer un buen.

Por otra parte, no crean que he estado completamente de flojo con respecto al Blog. Hay varias cosas que ya tengo escritas en la Pocket, aprovechando esos tiempos muertos en el banco o en la sala de espera de mi dentista. Tengo el PocketBlogger, pero desgraciadamente en mi ciudad sólo tenemos dos lugares públicos con WiFi (el segundo lo descubrí ayer) y cuando voy a ellos pues no voy solo; así que tampoco se presta para que ponga a escribir ahí.

En fin, como sea, aprovecho esta noche tranquila para comenzar a contarles a qué me he estado dedicando en estos días.

El miércoles o jueves de la semana pasada, de repente apareció una camioneta de DHL en la puerta de la casa. Yo, la verdad, me quedé pensando en qué cosa habré comprado por Internet. Para quienes no sepan (creo que la gran mayoría), cuando estoy a bordo uno de mis pasatiempos es ir de shopping virtual. Claro, generalmente aborto la operación justo antes de pagar. Así que me quedé pensando en cuál de esas compras no cancelé apropiadamente, y luego pensé que no podía ser porque no di mi número de tarjeta, y luego… en fin, que salí a ver, pensando también que tal vez no sería para mí sino para algún otro miembro de la familia.

Pero no, el mensajero dio mi nombre, contesté que sí, que era yo. Firmé el papel y me entregó una caja de ligeramente más grande que una de zapatos. A estas alturas, mi cerebro ya se había ciclado. Abrí la caja y me encontré una serie de componentes electrónicos, encabezados por una tarjeta de video.

Mi confusión aumentó, pues precisamente había estado viendo algunos modelos y el precio de estas tarjetas. ¿El motivo? Quise correr el Age of Empires III y me salía el aviso en la más reciente de las computadoras de escritorio de la casa, de que sólo tenía 32Mb en la tarjeta de video y se necesitaban mínimo 64 para que corriera con cierta decencia.

Claro, si iba a hacer el gasto (de ley, porque no me iba a quedar sin jugarlo) pensaba comprarme ya una de 128Mb. Lo raro es que yo había estado viendo más bien tarjetas de la marca nVidia y esta era ATI.

Venía también en la caja otra tarjeta, más rara que la primera, con 2 grandes componentes plateados que decían WinTV…
Un control remoto, baterias, una cajita con cable USB y un par de cablecitos que hasta este momento no sé qué son y menos para qué.

Más y más cables de todas formas y colores. Al fondo, por ser los más pequeños, convertidores para pasar de un tipo de cable a otro, un bifurcador para cable coaxial y tornillos.

Al final, sí, hasta abajo (o no sé si abrí la caja al revés), una hoja impresa, una carta, con el logo de mi certificadora dirigiéndose a mí como “Dear Beta Tester” y seguidamente agradeciendo el trabajo que hasta ahora llevaba y pidiendo ahora mi colaboración para probar el Media Center, para cual tenía yo que instalar todos esos chunches. Claro está, esperan retroalimentación como la vez pasada…

Y así es como cambiaron los planes de estudio de este descanso. Para empezar la máquina en la que había instalado ese beta (1) es del trabajo y, claro, ya fue formateada y tiene XP de nuevo. Segundo, tengo el CPU de mi hermana en casa, pero recordé que le faltaba memoria para correrlo. Tercero, hay un build más reciente, así que tuve que bajarlo y Cuarto, ya no viene en formato para CDs, sólo DVD… Así que el chistecito me ha costado una memoria RAM de 512 y un quemador de DVD. Porque si dejaba a mi hermano sin la que él usa o a mi papá sin la otra, se me arma.

Así es como, para empezar he comenzado a “aprender” todo el rollo con la quema de DVDs. Yo pensaba que era como quemar CDs pero ya llevo 5 que echo a perder. Que si menos R, que si mas R… He probado el Roxio y parece que no quema bien las imágenes ISO. Recién acabo de probar con Nero, parece que el disco quedó bien hecho. Ahora sólo falta que arranque el instalador… aunque eso lo probaré mañana.

Mientras tanto, he estado haciendo pruebas con los dispositivos en la PC de escritorio más reciente (la que usa mi hermano), aprovechando que él se va a trabajar por las mañanas. Tengo que ver primero cómo funciona en el ambiente estable (XP) para poder guiarme en las pruebas luego con el beta.

Me ha costado un trabajo que no vean, porque a mí eso de armar y desarmar máquinas nunca se me ha dado (afortunadamente, siempre he trabajado en lugar que tienen contratos de mantenimiento de hardware y es más fácil firmar una orden de servicio), amén de eso de estar conectando cables (peor tantito si no sabe uno ni para qué son). ;-p

No veía ningún disco con controladores en la caja, así que tuve que entrar a los sitios de los fabricantes y bajarlos. Así es como me enteré que la tarjetita de video es de 256Mb (Yuuuppiiii!!!) y la tarjeta para ver TV es dual, o sea, que puedo estar viendo un canal mientras grabo otro; entrada para FM y que se pueden hacer quién sabe cuántas cosas… cosas que voy a dejar a mi hermano encargado de que averigüe porque él es el que sabe de edición de video y cosas así.

Mañana veré ya la instalación del beta en el CPU de mi hermana (vamos a iniciar el proceso de expropiación… je je je) y creo que hasta ahí se quedará porque ya no me va a dar tiempo de hacer las otras pruebas hasta que regrese del trabajo nuevamente.

Mientras tanto, ¡qué rico se juega Age!

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El despertar del miedo

El martes que llegué a casa, después de desempacar me fui directo a la computadora. En el MSN Messenger me encontré a Fernando y aprovechamos que ambos teníamos “tiempo libre” para charlar un poco y ya sobre la marcha acordamos en ir al cine por la noche.

Pasé por él ya cerca de las 10:00 de la noche y nos enfilamos al cine. La verdad, no habíamos escogido película y, en parte, lo importante era el re-encuentro. Y es que ya tenía muchos, muchos meses que nada más nos saludábamos en línea pero no nos veíamos o hablábamos siquiera por teléfono.

De las opciones que habían, terminamos escogiendo “El despertar del miedo”. Curiosamente, la película me gustó. No sé si es porque es hablada en francés (no sé qué tiene ese idioma que me encanta oírlo aunque no lo entienda. ¿Recuerdas, Jaime, en Cozumel?) o por lo explícito de los cortes y muertes.

La película te mantiene en tensión todo el tiempo, aunque exageraron con el uso de las musiquitas tenobrosas de fondo. O sea, estamos acostumbrados a que cuando ponen esos fondos musicales, algo va a pasar y uno se prepara, se tensa, se encoge en el asiento… y nada. :-/

Fernando daba cada brinco en su asiento y a cada rato repetía que no iba a poder dormir pero lo bueno es que aguantó hasta el final.

Nos mienten al principio también, presentándonos la camioneta vieja y destartalada de un tipo en cierta práctica de necrofilia y posteriormente arrojando la cabeza de una mujer por la ventanilla, mientras se aleja. Al final te das cuenta que no encaja en sí en la historia y que no tuvo otro cometido más que desviar tus conjeturas sobre lo que está sucediendo.

Ya cerca del final nos trae un recuerdo de “La Masacre de Texas” para finalmente, dejarnos con el mismo sabor de boca que con “La Ventana Secreta” en la que actuó Johnny Depp.

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Tres razones…

… por las que no te puedo pedir iniciar una relación formal.

  1. Quedé contigo desde hace mucho tiempo en que había que trabajar con tu dependencia emocional. Eso no es nuevo, lo sabemos desde hace tiempo y parece no importarte estar libre de esa situación. Sin embargo, a mí sí me importa. Me gusta estar seguro de que no hay motivos ocultos por los que alguien está conmigo.
  2. No puedo ofrecer más de lo que estoy dando ahora. O sea, si formalizáramos la relación es lógico que tú esperarías ciertos cambios en el modo en que se están dando las cosas y créeme que yo no puedo hacer ningún cambio por el momento. Entonces, ¿para qué?
  3. Mis propios traumas por experiencias pasadas. De esto sólo te puedo decir que si tú te ocupas del primer punto, yo me ocupo de este.

Dijiste que querías verlos por escrito. Aquí los tienes.

No intentes engañarme. Tengo mis propios métodos para descubrir la verdad en un segundo.

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