Cual niño refugiado en una cabaña en campo nevado de un cuento infantil, así me sentí hoy. El norte sigue a todo lo que da, el viento no cesa y obliga a suspender ciertos tipos de trabajos, además de que la mayoría de los trabajadores que llegan vía marítima (que son los más), pues simplemente no pueden salir de sus lugares de hospedaje.
Así las cosas, se platica, se vacila, se cuentan chistes, anécdotas y, acompañados de una taza de café, hasta problemas familiares y existenciales. La camaradería existente, aunque obligada por las circunstancias, se siente bien, es agradable y se disfruta.
Al ver dichas expresiones hoy, me he dado cuenta que yo nunca he roto la límea que divide mi vida a bordo y mi vida en tierra. Curiosamente, para mí es como pasar de una dimensión a otra. Cuando vengo a trabajar prácticamente me olvido de los asuntos de mi vida personal y paso a ocuparme de los del trabajo… y al revés también.
Interensta, interesante… voy a tener que analizar más ese aspecto de mi vida, aunque me siento bastante cómodo así, la verdad.
No crean, tener doble vida tiene su chiste.