Home sweet home

Ya estoy de nuevo en casa. Claro, no debería hacer gran hincapié en eso porque es, digamos, rutinario en mi vida desde hace casi 4 años eso de ir y venir. Sin embargo, esta vez sí me sentí realmente liberado cuando llegó la fecha de partida.

Las dos semanas estuvieron realmente saturadas de trabajo. Además de lo habitual, el viernes pasado tuvimos la visita del mero mero de la Regional. Desde una semana antes mi jefe directo ahí me pidió apoyo para los preparativos, así que ni manera.

Aparte, llegaron instrucciones de cambio de nombre a las PC’s. Sí, otra vez. Yo no sé cuándo van a terminar de decidir la mejor nomenclatura para eso. Lo peor del caso es que no sé si realmente cada vez que cambian los nombres les ayuda al control. Lo que sí es que cada vez ayuda menos a los usuarios para encontrarse unos a otros.

Fueron a instalar unas nuevas pantallas… Bueno, eso ya estaba prácticamente el día que inició mi período de trabajo. Pero son unas soberbias pantallotas de plasma… ¡wow! Lo malo, para puros anuncios de la empresa. :-/ Qué desperdicio, ¿no? Pusieron uno en el comedor y otro en el área de recreación. Sí, ahí en donde está ya una televisión de buen tamaño, la mesa de billar y ahora, el cibercafé. Yo creo que no tarda y algún iluminado hace llegar ahi mero un cable coaxial del sistema de televisón. Eso va a ser de ley. No van a querer perderse el Mundial en esas pantallas.

También nos visitaron los que le dan mantenimiento al otro tablero de anuncios. Nomás que éste es del tipo que vemos en las calles, compuesto de foquitos de colores ámbar, rojo, verde… Para colmo, hay cierto problema con la configuración porque no nos pudimos comunicar con el aparato ese a pesar de que todas las demás pruebas de todo tipo funcionaron sin problemas.

Por si todas esas preocupaciones no me tuvieran lo suficientemente estresado, tenemos problemas con la ‘nche empresa (sí, también, otra vez). Para resumir, me deben dinero del período de trabajo anterior. En fin, el vaso está al borde. Vamos a ver si reboza…

Yo creo que sí. Tal vez por eso siento esta partida especial. Ya veremos.

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Oscar, frustraciones y borracheras

Estoy realmente frutrado. No puedo creer que niguna de las televisiones a las que tuve acceso aquí tuviera en la pantalla la Entrega de los Óscares. Maldito machismo. Fútbol, fútbol, fútbol en todas y en cada una. La única excepción fue el 314 en la que ya un compañero estaba viendo una película.

En fin, que tuve que ir “siguiendo” los acontecimientos en Internet.

Cuando supe que el premio a la mejor película se la llevó Crash, me decidí por fin a ver una copia pirata que alguien trajo por acá (no fui yo, que conste) de Brokeback Mountain a ver qué había salido mal.

Bastaron poco más de 25 minutos… Hasta la escena esa a oscuras dentro de la tienda de campaña. Justo después de una botella de whisky que vuela por ahí vacía.

Definitivamente: PEDO, NO VALE.

Hasta yo hubiera votado por otra. Ya no veo más, me voy a dormir. Mañana me toca viajar de regreso.

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La reina cautiva

Terminé de leer “La reina cautiva” de Jean Plaidy. Como recordarán, me la obsequió Manolo la última vez que desayunamos juntos pues le había yo comentado que estaba leyendo “Castilla para Isabel” de esa misma autora.

La novela narra parte de la vida de María Estuardo, reina de Escocia, después de su regreso de Francia y de su segundo y tercer matrimonio, o sea, cuando las cosas se le complicaron pero en serio.

Sobre la vida de María Estuardo existe muy poca historia documentada y fidedigna, así que los escritores de novelas históricas tienen bastante margen, aunque no tanto como los guionistas de las películas futuristas.

La verdad, sigo estando inconforme con el estilo de Plaidy. Y no puedo evitar seguir comparando (y añorando) el estilo de Maurice Druon. Este último deja que los personajes cuenten la historia. Claro, muchas veces hay que volver páginas atrás y releer algún párrafo para entender bien o, de plano, volver a leer todo. (Yo hice ambas cosas con los SIETE tomos de “Los Reyes Malditos”).

Jean, no. Ella usa los diálogos para pendejaditas como “tengo frío” y “vamos a bordar” y luego usa dos hojas para darnos clases de historia. Qué aburrido, la verdad.

Luego, a mi parecer el punto de vista de la autora está demasiado sesgado, describiéndola como una inofensiva, maltratada y traicionada mujer. Menciona sí, sus deslices pero los adorna con descripciones de amor como para que uno diga “ah, sí es cierto… en el corazón no se manda”, suspiro incluido.

A Elizabeth de Inglaterra la describe como la mala, la celosa, la envidiosa. Una sola vez menciona, y de paso, las razones de Estado (María se declaró reina de Inglaterra siendo ya reina de Francia a la muerte de María Tudor) y en cambio menciona una y otra y otra vez que las razones por las que Elizabeth la tuvo cautiva era la envidia porque María era bonita y ella no. ¡Por favor!

Claro, influyen mis raíces protestantes, no digo que no; pero en verdad esperaba yo al menos una historia más imparcial y menos inclinada al catolicismo. Por ejemplo,

  • No menciona que el Papa había excomulgado a Elizabeth y declarado una indulgencia a quien la matara.
  • No explica que el Tratado de Edinburgo contenía una cláusula en el que ella renunciaba al trono de Inglaterra y que por eso nunca lo quiso firmar.
  • No menciona que cuando regresó a Escocia juró hacer volver la nación al catolicismo y los escoceses simplemente no iban a esperar que les pasara lo mismo que durante el reinado de María “la sanguinaria” en Inglaterra.
  • No menciona que el reformador Juan Knox (padre del presbiterianismo, por cierto) de piruja no la subía.
  • No menciona que eran razones de Estado las que hacían que Elizabeth evitara sus alianzas con Francia.
  • Que por las mismas razones le convenía a Elizabeth que ambos bandos en Escocia dependieran de ella.

En fin, que no me quedan muchas ganas de leer de nuevo a esta señora. Bueno, ya estoy leyendo “España para sus soberanos” y luego leeré “Las hijas de España” pero porque ya los compré.

Por cierto, Manolo, no es nada personal y sé que tú lo sabes. El regalo como tal, sabes que ocupa un lugar especial en mi biblioteca personal, junto con una foto tuya. Y si lees esto estoy segurísimo de que será punto a tratar en el próximo desayuno. Te mando un abrazo desde aquí.

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Supones que me gustas…

y supones bien. Sabes que eres una persona que posee una hermosura y porte que no muchas tienen. Tu sonrisa, tu coqueteo…

No sé exáctamente cuándo te diste cuenta. ¿En cuál de todos esos momentos en los que venías a verme para preguntar cosas que necesitabas para tu trabajo? Supongo que fue ese momento en las escaleras, cuando me encontraste de paso y yo me quedé alelado. Te diste cuenta, sí, porque inconcientemente hiciste un gesto de coqueteo: metiste los dedos de tu mano izquierda a modo de peine entre tus cabellos, tu mirada cambió por un par de segundos y asomó una sonrisa que nunca antes había visto en tu rostro.

Pero no soy tonto. Disfruto la belleza pero nunca me he dejado envolver por ella. No vas a tener acceso a Internet, ni vas a tener privilegios administrativos en tu máquina.

Te shockeaste, ¿verdad? Pensaste “es pan comido”. Pero no, te equivocaste y te sigues equivocando.

En tu frustración, recurriste a la vieja técnica de “por qué él sí y yo no”. Te contesté que porque él había seguido el procedimiento correspondiente y te invité a hacer lo mismo. Obviamente, no lo creíste. Sabes que si sigues el procedimiento correspondiente te van a mandar por donde viniste.

Aquí te puedo decir la verdad. Él es mi amigo. Y demostró ser mi amigo mucho antes, sin que se le hubiera ocurrido siquiera tener Internet.

Tú, tú sólo eres un gusto.

Arribista.

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Terror en la niebla.

Sí, la fui a ver, lo confieso… A pesar de lo que me habían dicho y de lo que Imoq publicó. Así que no voy a usar este registro para contar de la película, a excepción que me extrañó ver ahí al chico que hace de Superman en Smallville.

Publico el presente más bien sólo como registro de que el domingo 19 de febrero fui al cine estando en Ciudad del Carmen y contar otras cosas; entre ellas mi defensa.

Pues bien con respecto a ir al cine, tengo la particularidad de que por regla general, siempre dejó que sean mis acompañantes quienes elijan la película a ver. A veces sí pongo restricciones. Por ejemplo, películas que ya vi y que a mi parecer no merecen pagar otra vez.

En esta ocasión, como sucede desde hace aproximadamente 4 meses cada vez que paso por Ciudad del Carmen, fui al cine con Sergio y él escogió esa película. Intenté disuadirlo pero no quiso. Ni manera.

Andaba él muy contento por la colección de videos de Madonna en un DVD que le había obsequiado minutos antes. El igual me regaló un DVD que contiene las 3 películas de El Señor de los Anillos y como siempre nos la pasamos muy bien pues, bueno, entramos a ver la película que él quiso.

Claro, al final pude echarle una de esas miradas de “¿viste? por no oír consejos…” En fin…

De ahí nos fuimos a cenar… Nuevamente a El Portón. Era el mes de las parrilladas, así que cenamos rico.

Como siempre sucede, nos tuvimos que despedir porque sólo disponía ya de 4 horas para dormir.

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Munich

El sábado 18 me desperté cerca de las 11:00 de la mañana. Llamé por teléfono a una de mis primas en Mérida para invitarla a ella y a su hermano pero ella andaba con el novio haciendo unas compras para un campamento que está organizando y mi primo andaba en la iglesia haciendo no_sé_qué…

Ni modo, como este había sido en sí el motivo del viaje, pues no me quedó de otra que ir solo al cine. Había el tiempo exacto para la primera función, así que tomé un autobús, llegué compré mi boleto, unas palomitas con caramelo de desayuno y una botellita de agua para el empalagamiento.

Disfruté muchísimo la película por varias razónes. La primera, creo que fue lo único que realmente valía la pena en esa semana en las carteleras. Segundo, pues está dirigida por Steven Spielberg quien es uno de mis directores favoritos.

Fiel a mi manía por el comportamiento humano sabía que iba a encontrar mucho material en ella y Spielberg no me defraudó. Sobre todo porque es en las situaciones adversas en donde todos dejamos mostrar el cobre, como se dice comúnmente.

A mi parecer, la película es imparcial y va mucho más allá de contar la historia del atentado en los juegos olímpicos de Munich. La idea de que es parte de la campaña antiterrorista a como la entienden los EUA es algo que no comparto, aunque sí creo que es antiterrorista en el sentido de que la violencia siempre engendrará violencia y finalmente no resuelve nada.

Y es que, al final de cuentas, todos somos terroristas, ¿no? Digo, partiendo de la definición de que el terrorismo consiste en obtener lo que queremos sembrando miedo, somos terroristas desde que le decimos a un niño “duérmete o viene el coco”. (“Ahí viene el tlacuache”, recuerdo que le decíamos a Misael). Claro, nuestro concepto actual de terrorismo es el que involucra la pérdida de vidas humanas, de civiles, y en eso es que se enfoca la película.

En lo personal, conocía sólo vagamente de ese atentado en unos juegos olímpicos y, por supuesto, no sabía yo de las represalias tomadas por Israel. El marco, nada más y nada menos que los juegos olímpicos, el principal símbolo de la hermandad entre las naciones desde la época antigua ya que incluso se decretaba una tregua divina para su celebración.

Recuerdo que pensé al principio de la película, justo en las escenas del atentado, “¡Chin! Tan de luego en Alemania.”, y me dió gusto después confirmar mi apreciación en la escena en la que Golda Meir dice: “Siguen muriendo judíos en Alemania“. Me puse a pensar rápidamente en ese sentido de culpabilidad alemana con respecto al genocidio de la Segunda Guerra Mundial y mucho me temo que eso fue lo que les llevó a echar todo a perder en el rescate. ¡Tómala! Llovido sobre mojado…

Me habían comentado anteriormente que la película trataba “del atentado en los juegos olímpicos y que luego Israel contrataba unos matones para ir matando uno por uno a los que hicieron el atentado”… Y no sé si se equivocaron o yo entendí mal, pero me llevé una sorpresa al ver que no era a los que realizaron el atentado los que iban cazando sino, en todo caso, a los organizadores; factor que me pareció muy importante en la trama.

Así las cosas la película nos ofrece una ensala de emociones, reacciones y comportamientos muy disfrutable. Decía yo hace unos momentos, por ejemplo, de lo que habría llevado a los alemanes a actuar tan apresurada y torpemente. Luego, la reacción de la Primer Ministro y cómo toma la decisión.

Pero lo realmente bueno está en el grupo encabezado por Avner (Eric Bana). Tenemos a Steve quien disfruta realmente de estar desapareciendo enemigos y por el otro lado a Robert quien no deja de pensar en el cumplimiento de las mitsvot. En medio de ellos, el líder con sus propios conflictos internos y familiares y su propio bagaje psicológico (cuidado, educado y crecido prácticamente por el Estado y su formación militar).

A la mitad de las ejecuciones que tenían qué hacer, el cazador pasa a ser la presa y entonces comienza para él el verdadero conflicto que se recrudece en paranoia y el miedo, el terror, de saber su vida en peligro, y la de su esposa, y la de su nena.

La actuación del que la hizo del Marqués de Sade (no me viene el nombre ahora), me pareció buena también, representando a los judíos que quieren el Estado de Israel pero no precisamente asociado a lo tradicional, a lo que, a fin de cuentas, no permitió a lo largo de tantos siglos, la asimilación de este pueblo entre las naciones en las que se hayaba disperso.

Como nota al margen, disfruté mucho también identificando cosas asociadas a la cultura judía; cosas que me ayudaron a poder ver mejor el panorama completo.

Altamente recomendada, no se la pierdan. De mi parte, si alguien me invita a ir a verla de nuevo, con mucho gusto y seguro va a la colección de DVDs.

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Viaje relámpago a Mérida…

O “Ni luces de Jaime”

Hace exactamente una semana, al ver que con el cambio de cartelera no llegó Munich a mi ciudad, tomé la decisión de hacer un viajecillo a Mérida para verla. Le envié un mensaje a Jaime anunciándole mis intenciones y para saber si tenía tiempo para poder vernos. Compre un boleto en la terminal de autobuses escasa hora y media antes de la salida y finalmente hice el viaje a las 6:30 de la tarde.

Llegué a la Ciudad Blanca aproximadamente a las 9:00 de la noche. Intenté localizar a Jaime por teléfono pero la llamada jamás pudo entrar. Hasta la fecha no sé si estaba fuera de la ciudad o si tenía apagado el celular…

Así las cosas, después de hospedarme en un hotel del centro, pasé a un ciber para checar si todavía había chance de ir al cine. Resultó que no, que ya no iba a poder ir hasta el día siguiente, así que me pasé un rato más en la computadora pues en todo el día no había podido hacerlo.

Después de estar un rato ahí regresé al hotel para tomar un baño y cambiarme de ropa y fui a un antro, solo.

Pasa algo raro conmigo. No me gusta ir solo al cine, por ejemplo, pero me afecta nada ir solo a un antro. (Creo que ya se habrán dado cuenta desde las entradas de mis andanzas en la Ciudad de México.)

Me la pasé de lo más tranquilo, riéndome bastante con un show que había y tomando unas cuantas cervezas. Ya cerca de las 4:00 de la mañana me fui a dormir. Tenía una cita con la pantalla grande al medio día.

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14 de febrero

Como he dicho anteriormente, soy respetuoso de los ciclos y milestones a lo largo de la vida. Sin embargo, no estoy muy de acuerdo con la desbandada que se da hacia el consumismo especialmente en esas fechas. Y no, mis razones no son las típicas de que “todos los días deberían ser día de la madre” o “eres mi amigo todo el año” porque a mi parecer no son más que excusas. Si no, pregúntese quien así piensa cómo es que a los cumpleaños y aniversarios no le ponen peros, ya sea el de familiares, amigos o el de uno mismo.

No, mis razones son (para no variar) objetivas, económicas.

Esas fechas ocasionan inflación, gasto supérfluo y, en general, una demanda por productos y servicios tal que lleva a los oferentes a disminuir la calidad con el fin de darse abasto. (O para captar más de esa demanda, cómo se le quiera ver). Así las cosas, desde hace varios años atrás evito celebraciones fuera de casa en fechas como esta que le da título a esta entrega, 10 de mayo, día del padre, etc.; e incluso he llevado esa aversión a salir los días de quincena.

Les cuento que en la pasada celebración rompí la regla… que sólo sirvió para recordarme el por qué no salgo en esos días.

Desayuné con la que en muchos aspectos es mi novia. Escogió el restaurante en el que nos reuniremos próximamente los usuarios de PDAs porque la verdad tiene una vista muy bonita a un patio interior. A los ojos de cualquiera el restaurante no estaba lleno, lo que se dice lleno, porque habían 2 o 3 mesas desocupadas. Sin embargo, lo normal en este restaurante es que sólo 2 o 3 mesas están ocupadas y todo lo demás vacío.

De la comida no hablaré pues ésta es muy rica pero el servicio… ¡Hasta desconocí el lugar! De repente ya no sabía yo si estaba en ese restaurante o no. ¡Una lentitud! Bueno, de eso se quejó ella. No sé bien si era por la presión de regresar al trabajo o por el hambre. Yo no, pues mi tiempo libre es realmente tiempo libre. :-) O sea, en sí no tenía ningún otro compromiso para después.

Pero cuando trajeron mi plato, el cual pedí con un par de huevos estrellados con la yema bien cocida y vi que éstas estaban suaves, y cuando se acercó el capitán a preguntar si todo estaba bien, no evité clavarle el cuchillo en posición vertical a cada una, al tiempo que le contestaba con otra pregunta: “¿esto es bien cocido?” y una mirada que hasta a ella asustó.

“No, señor”, contestó, pero como se quedó inmóvil un segundo, en seguida alce las cejas y acentué la mirada al estilo “¿y qué esperas?”. Ahora sí entendió y rápidamente retiró el plato para ir a arreglarlo.

Algunas horas después, ya de camino a casa, me crucé con mi tía y mi prima que iban a comer. Me hicieron la seña de que las acompañara… y ahí me fui, al Vips. :-/ ¡Ay, D–s! Yo las alcancé poco después. Cuando llegué ellas ya habían pedido su sopa. Me comentaron que no tenía rato que la habían pedido porque estuvieron sentadas un rato sin que las atendieran. Por “suerte” pasó una mesera y le pedí también una sopa y un refresco.

A los quince minutos regresó trayendo la sopa de mi tía y el refresco de mi prima. De la sopa de mi prima, de la mía y de mi refresco ya no supimos. Pasaron 20 minutos más, mi tía había terminado su sopa… se comenzó a molestar. Cuando el tiempo rayaba en la media hora se levantó a quejar con uno de los supervisores de los meseros.

Para no hacer el cuento más largo y no recordar lo desagradable del momento: Trajeron la sopa de mi prima, la mía, mi refresco (que por cierto no era lo que pedí). Mi tía pidió ya nada más un postre para acompañarnos. Nadie pidió ya nada de comer y no nos cobraron.

Por la noche, OBVIAMENTE, no me hicieron salir por nada.

En fin, dejo esto como recordatorio escrito para mí mismo de por qué no salgo en esos días. Evítenme la pena de negarme.

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Detective por error

El domingo 12 por la noche, de nuevo al cine; esta vez con Azziel. Primero: Nótese que no hay nada que hacer en mi pueblo. Segundo: La película la escogió Azziel, no yo.

Detective por error es en si una película cómica a la quisieron dar una manito de acción. El tema ya bastante utilizado: un individuo X a quien por una razón tonta (que digo tonta, estúpida, pues se resume a un periódico), tiene que dar apoyo a un detective de no muy agradable reputación como persona. El caso detectivesco gira en torno al robo de armas y el lado amable es la “humanización” del detective por parte del vendedor de artículos dentales.

Actúa mi tocayo L. Jackson como el agente federal de pocas pulgas que no confía en nadie y Eugene Levy como el vendedor de artículos dentales y ejemplar padre de familia.

Es buena para reírse un rato, pero nada más.

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Dentista

La nota incómoda de las dos semanas anteriores fueron las visitas a la dentista. Y es que desde mi período de trabajo pasado de repente sentí un pequeño espacio en el lado izquierdo del maxilar superior; así que apenas estuve en casa programé cita con la dentista, bueno, cirujana maxilofacial. Sí, la misma que me extrajo las muelas del juicio hace un tiempo y cuyo consultorio queda en frente de casa de Fernando. (Ese fue el motivo, en parte, del re-encuentro y que estuviéramos en contacto de nuevo desde entonces.)

Pues bien, sí tenía una caries en el segundo molar, por debajo de un tratamiento que me habían hecho anteriormente en esa misma pieza. Así que ni manera a aguantar el barreno y demás molestias.

Me explicó Gladys que cierta parte estaba muy cerca de la región pulpar que rodea al nervio así que había (o hay) riesgo de una endodoncia. Por eso me puso un empaste suave y tuve que ir a tomarme una placa en donde ya no se nota mayor problema. (Dice ella, yo no entiendo las radiografías).

En fin, que sigo a prueba. Antes de venirme para acá me puso otro empaste más duro a ver si en estos días no siento alguna molestia. Si la llega a haber, llegando tendré que ir al endodoncista; si no, pues ya me pondrá algo más duradero.

Hasta el momento, cero molestias. Espero que no pase a mayores.

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